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DIOS NO ES UN MEDIO PARA CONSEGUIR METAS TERRENALES

 

Porque Dios humilla al orgulloso y salva al humilde. Job 22:29

 

En este mundo, el éxito es proporcional a la riqueza. Es muy habitual que las personas le pidan a Dios, un carro, un trabajo determinado o una casa. Cosas que, según los estándares de vida, nos agregan un valor dentro de la sociedad. Me asombra la frecuencia con la que escucho a personas decir que están orando por esto. Pero lo que me preocupa es que consideremos que esto coincide con los propósitos de Dios.

 Por supuesto que Dios puede darnos esto y más. Pero ¿es esa su voluntad? Meditemos acerca de lo que dice la palabra de Dios. La voluntad de Dios es que tengamos vida eterna. Por qué la voluntad de mi Padre es que todos los que miran al Hijo de Dios y creen en él, tengan vida eterna; y yo los resucitaré en el día último. San Juan 6:40.

 Si aspiramos a las riquezas, no podremos hacer la voluntad de Dios. Les repito que es más fácil para un camello pasar por ojo de una aguja, que para un rico entrar en el reino de Dios. San Mateo 19:24. Esto no significa que tengamos que ser conformistas, o que tengamos que tener mente de pobre. Debemos tratar de ser mejores día a día, en todos los aspectos, pero, tratando de cumplir los propósitos de Dios.

 El reino de los cielos nada tiene que ver con la vanidad. Las riquezas y el cristianismo son como el agua y el aceite. Muchos no queremos aceptar la verdad en cuanto a esto, incluso, puede parecernos inaceptable el creer que Dios no pueda bendecirlos materialmente. Claro que Dios puede bendecirnos materialmente, dándonos lo necesario para vivir, sin excentricidades ni lujos.  Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y querrá al otro, o será fiel a uno y despreciará al otro. No se puede servir a Dios y a las riquezas. San Mateo 6:24

Grandes personajes del antiguo testamento, eran ricos. De hecho, los usamos como ejemplos en nuestras vidas y en nuestras prédicas. Abraham, por ejemplo, tenía tantas posesiones que debió separarse de su sobrino Lot, porque ambos poseían tantos animales que ya no había tierra suficiente para los dos. Job tenía también muchas riquezas; Y que más decir el Rey David o el Rey Salomón; Quienes estuvieron rodeados de riquezas, concubinas, esposas, lujos, plata, comieron y bebieron cuanto quisieron. Pero todos estos personajes, tienen un denominador común: El altruismo. Ayudaban a las viudas, a los pobres, a los marginados y a los menos afortunados. Dios les dio en su poder riquezas porque sabía que administrarían de forma muy sabia su fortuna. Pero, las riquezas pueden llevarnos a cometer faltas graves y a olvidarnos de Dios.

A Dios le agradan los humildes. Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes Santiago 4:6. Los primeros cristianos se reunían en las casas, comían juntos y no había entre ellos quienes pasaran necesidad porque todos vendían lo que tenían y ponían el dinero a disposición de los apóstoles para que ellos repartieran el dinero según la necesidad de cada quién (Hechos 4). Existía una economía igualitaria, conforme a la voluntad de Dios.

 

Los cristianos no debemos aspirar a las fortunas. Si está en los propósitos de Dios el darnos posesiones, bienes o dinero, es para qué podamos hacer una buena administración y ayudar al prójimo, y no para nuestro propio beneficio. Jesús le contesto -Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres. Así tendrás riqueza en el cielo. Luego ven y sígueme. San Mateo 19:21

El apóstol Pablo, mientras estaba en Mileto, dijo a los ancianos de Éfeso: No he querido para mí mismo ni el dinero ni la ropa de nadie; al contrario, bien saben ustedes que trabajé con mis propias manos para conseguir lo necesario para mí y para los que estaban conmigo. Siempre les he enseñado que así se debe trabajar y ayudar a los que están en necesidad, recordando aquellas palabras del Señor Jesús: “Hay más dicha en dar que en recibir” Hechos 20:33 -35

El enriquecernos no debe ser nuestra ambición en la vida. Debemos anhelar capitales en el cielo. Mientras menos posesiones tengamos en la tierra, más peculios tendremos en la patria celestial. Nuestro gran modelo a seguir, debe ser el de Cristo. Quién siendo hijo de Dios, vino a la tierra, pobre, manso y humilde de corazón. No vino a ser servido, vino a servir. De igual manera, sus discípulos fueron humildes. Mientras fueron de ciudad en ciudad predicando las buenas noticias tanto a los judíos como a los gentiles, no llevaban lujos. Pablo de Tarso, por ejemplo, trabajaba de hacer tiendas de campaña para poder sostenerse y cumplir la misión de la evangelización. Si queremos ser sus discípulos, pues, debemos imitar a Cristo.




 

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