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DIOS NO DEMUESTRA SU JUSTICIA EN LA TIERRA

Pero la puerta y el camino que llevan a la vida son agostos y difíciles, y pocos los encuentran.

San Mateo 7:14

 

Cada vez confirmo que las personas tenemos una idea completamente errónea acerca de las recompensas que Dios tiene para nosotros. Pensamos que Dios nos debe algo por cada buena acción que tenemos y que definitivamente las buenas personas merecen un buen desenlace mientras que las malas personas merecen un desenlace funesto. Cada vez que no ocurre de esa manera la “justicia divina” es injusta y nos sirve de pretexto para alimentar nuestra incredulidad.

Nada puede estar más lejos de la verdad. Debemos dejar de escondernos detrás de esta teoría para excusar nuestra poca espiritualidad. En primer lugar, Dios no nos debe absolutamente nada a nosotros. Si de esto se tratara la vida, y, pagará a cada quién lo que corresponde, nos ocurrirían desgracias tras desgracias.

La fe de un cristiano se basa en el hecho de que existe un Dios creador de todo lo visible y lo invisible, que envió a su hijo unigénito hace más de 2000 años a que se sacrificara por cada uno de los seres humanos en la cruz del calvario y que por su sacrilegio somos salvos solo con creer en esto. Entonces debemos saber que si aún Cristo siendo el hijo de Dios sufrió por causa de nosotros ¿por qué nosotros no debemos sufrir en la tierra? Recordemos las palabras del apóstol Pablo “Hermanos míos, ustedes deben tenerse por muy dichosos cuando se vean sometidos a pruebas de toda clase” Santiago 1:2.

Los apóstoles de Cristo sufrieron diversidad de infamias y humillaciones, la mayoría murieron de maneras muy violentas y tristes únicamente por profesar su fe. Entonces ¿Qué es lo que nos hace pensar que seremos recompensados aquí en la tierra?

Retomemos las bases de nuestra fe. Creemos en Jesucristo, un hombre que fue capaz de dividir el tiempo en dos grandes eras. Él fue capaz de vencer a la muerte y nos dio la esperanza de vivir una vida eterna. La vida eterna como su nombre lo indica es eterna, es decir para siempre y por lo tanto es incompatible con la vida en esta tierra. Lo que quiero decir es que, la recompensa de los buenos no será en esta vida tal y como la conocemos. De allí la importancia de que no le tomemos tanto amor a las cosas materiales de esta vida “Más bien amontonen riquezas en el cielo, donde la polilla no destruye ni las cosas se echan a perder ni los ladrones entran a robar” San Mateo 6:20.

Los boletos a la eternidad ya están comprados, gracias a la misericordia infinita de Dios y al sacrificio de Jesucristo su hijo. Por más que nos esforcemos en hacer el bien, no entraremos al reino de los cielos por nuestras buenas obras. Somos administradores de las riquezas que amontonamos en la eternidad. Cada una de las pruebas que nos vengan aquí en la tierra: Enfermedades, sufrimientos, tristezas, y toda clase de tribulaciones que pasemos, nos servirán para poder adquirir riquezas que serán transferidas directamente al reino celestial, donde reposaremos los creyentes después de muertos.

Te pido encarecidamente que la próxima vez que veas a alguien bueno sufriendo, puedas meditar en lo que has leído y no creas que, Dios no existe o que Dios es injusto. Simplemente esta persona está creando un patrimonio que está listo para ser traspasado al reino celestial, donde seguramente, pasará la eternidad.


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